Pandilleros mandan un mensaje al presidente Norteamericano Donald Trump

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Marcando distancia con un pasado de violencia, unos 1.700 pandilleros de la Mara Salvatrucha (MS-13) aprenden oficios en la hacinada cárcel de Chalatenango, norte de El Salvador, donde aseguran que han transformado sus vidas y dicen al presidente Donald Trump que no son “terroristas” ni “animales”.

Tatuados, en su mayoría jóvenes, purgan largas penas por múltiples delitos y reciben clases teóricas en patios del centro penal, que mantiene rigurosas medidas de seguridad como el bloqueo de llamadas telefónicas y la suspensión de visitas.

Ingresar a un penal con pandillas no es fácil. El equipo de periodistas de la AFP tras obtener la venia de las autoridades del presidio pasó por un registro que incluyó inspección corporal por escáner.
Hecho inédito para el lugar, tres efectivos de seguridad penitenciaria armados con bastón acompañaron a los reporteros durante el recorrido en el que los mismos pandilleros explicaron los cambios que viven.

La formación teórica sobre panadería, sastrería, carpintería, confección de artesanías en madera o en arte y cultura, se realiza bajo toldos deteriorados y descoloridos que apenas detienen el sol, bajo un calor sofocante en este presidio que alberga a 1.700 hombres en un espacio con capacidad para 350.

La escasez de materiales es la mayor limitante en la capacitación práctica de los talleres.

Los reos de Chalatenango son miembros de una de las pandillas que intranquilizan a las comunidades salvadoreñas, por lo que en los tribunales son acusados de homicidios, extorsiones, venta de drogas, robo de vehículos y por reclutar forzosamente a jóvenes.

Sin desvincularse de la pandilla, los “mareros” en Chalatenango proclaman su adhesión al programa “Yo Cambio” que los capacita para reincorporarse a la sociedad una vez que completen sus penas.

“Somos personas como todos, seres humanos. Hemos cambiado y estamos demostrando que los privados de libertad pertenecientes a una pandilla podemos producir algo bueno para la sociedad”, declaró a la AFP el coordinador del programa de readaptación, Alexis Castro, un MS-13 de 33 años y 1,80 m de estatura, que purga una condena de 10 años.

El hacinamiento causa problemas en la salud a los internos, algunos de los cuales reciben tratamiento por tuberculosis. En lo que va del año suman 10 casos, mientras que en 2018 hubo 70, según el personal médico.

Los mareros esperan que el presidente electo, Nayib Bukele, quien asumirá el poder el 1 de junio, implemente un “gobierno de oportunidades” que abra centros de trabajo en el que puedan laborar pandilleros, declaró Castro.

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